lunes, 19 febrero 2018
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El Vestido en la Grecia Antigua E-mail

 

El Traje Helénico
Del antiguo mundo aqueo sólo se conocía las paredes colosales de Tirinto y de Micenas. Las excavaciones de Schlieman en Asia Menor, en el presunto emplazamiento de la antigua Troya, y las de Sir Arthur Evans en Knosos, han permitido una reconstitución del traje de los pélagos, egeos, aqueos, micenos, cretenses y troyanos de los siglos XX al XII, antes de Jesucristo.


vestiodosTraje Femenino
El abigarramiento de los tejidos, la riqueza de los adornos son los caracteres dominantes de esta indumentaria cuyo parentesco con el traje occidental moderno debe resaltarse.


La falda, sujeta con el cinturón y ceñida en las caderas, unas veces es atiesada con aros de metal, otras veces extendida sobre un cono formado por varillas de junco. Si se estrecha en los bajos, está cortada en una tela lisa y separada por galones en veinte bandas horizontales; los volantes caracterizan la civilización minoica: primero, todos son iguales y después, cada vez más estrechos y finalmente, aparecen el fondo de la falda en medio de ellos.


El corpiño, abierto hasta el talle, no disimula el pecho y se ata debajo de los senos y a veces se compone de una camisola transparente sobre la que se ensarta un corto bolero. Los antebrazos están siempre desnudos y las mangas son, unas veces, ceñidas, y otras veces, ahuecadas.


El Traje Clásico
Por oposición con el traje prehelénico, la mayoría de las vestiduras griegas del período clásico no tienen forma determinada, sino que están constituidas por rectángulos de tejido ribeteados por los cuatro lados, sin llevar costura ni dobladillo. A partir de este rectángulo, los griegos han sabido encontrar una extremada variedad de combinaciones y les basta cambiar las dimensiones o las proporciones de la pieza, doblarla sobre ella misma, adaptarle cinturones y fíbulas.


Los ojos de los arqueólogos y de los artistas se habitúan, erróneamente, a ver en la vida griega sólo un desfile de siluetas monocromas, pero se sabe que el pintor Polignotos, nacido en Tasos en el siglo V a.C. y de igual renombre que Fidias, daba a los trajes de las mujeres tintes brillantes que sus contemporáneos llamaban “colores floridos” y las capas podían ser azules, violetas, amarillas o púrpura y las muchachas de Asia Menor se vestían, en Mileto, de azafrán, de púrpura y de verde aceituna y en Tanagra, de rosa con una orla amarilla, púrpura o negra.

 
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